Ricardo Bermejo, director de RECOMAR: "El proyecto ha permitido avanzar en la identificación de los factores que actualmente impiden la recuperación de las praderas de angiospermas marinas”
Las praderas de angiospermas marinas del litoral andaluz sufren una delicada situación, si bien las causas del declive no estaban claramente identificadas, un aspecto que ha tratado de revertir la iniciativa RECOMAR. “Los ensayos de restauración a pequeña escala que hemos desarrollado en el marco de los proyectos CLIMAREST (Zostera marina) y RECOMAR (Cymodocea nodosa) han permitido avanzar en la identificación de los factores que impiden la recuperación de estas praderas, así como anticipar posibles problemas de cara a futuras actuaciones de restauración”, puntualiza Ricardo Bermejo Lacida, director del proyecto. La iniciativa ha trabajado también para avanzar en técnicas para la restauración o rehabilitación activa de las praderas de angiosperma marina.
¿Cuál es la situación de praderas de angiospermas marinas en el litoral andaluz y concretamente en el Mar de Alborán? ¿Qué amenazas sufren?
En el litoral almeriense y en las zonas de bahías y estuarios de la provincia de Cádiz la situación puede considerarse, en términos generales, estable. Las praderas marinas se mantienen en buen estado, aunque a escala local se ha constatado la desaparición de algunas de ellas. La situación es mucho más preocupante en la zona central del Mar de Alborán, donde se ha documentado la desaparición de cientos de hectáreas de praderas marinas de Zostera marina y Cymodocea nodosa en las últimas dos décadas. Zostera marina puede considerarse actualmente extinta en Andalucía.
Tras su desaparición, en muchos lugares Cymodocea nodosa ocupó temporalmente su lugar. Sin embargo, este proceso de reemplazo fue efímero y, pocos años después, las praderas de Cymodocea también desaparecieron de aquellas zonas anteriormente ocupadas por Zostera. En los últimos años, la especie ha desaparecido asimismo de numerosas localidades donde históricamente estuvo presente, como Calahonda y Maro (Málaga), así como de otras localidades gaditanas. En el caso concreto de Calahonda, estamos bastante seguros de que la desaparición de los rodales, aún presentes entre 2018 y 2020, se debió a su sepultamiento continuado por arribazones del alga invasora Rugulopteryx okamurae.
No obstante, Cymodocea nodosa no ha desaparecido por completo del Mar de Alborán: todavía se encuentran praderas bien desarrolladas en la provincia de Almería y pueden encontrarse algunos rodales en muy malas condiciones en la costa de Granada. En la costa de Málaga no hemos encontrado ningún espécimen vivo en ninguna de las zonas donde históricamente han sido descritas praderas o rodales. Aunque la especie sigue presente en la costa granadina, el número de haces y la densidad foliar son muy bajos, por lo que, desde un punto de vista ecológico, puede afirmarse que Cymodocea nodosa se encuentra funcionalmente extinta en las costas de Málaga y Granada. La pérdida o degradación de estas poblaciones en la costa de Granada y Málaga puede comprometer la capacidad de recolonización de la especie y reduce la conectividad genética entre el Atlántico y el Mediterráneo.
Las causas de la desaparición de estas especies no están aún claramente identificadas. Los ensayos de restauración a pequeña escala, con un seguimiento de campo muy intensivo, que hemos desarrollado en el marco de los proyectos CLIMAREST (Zostera marina) y RECOMAR (Cymodocea nodosa) están permitiendo avanzar en la identificación de los factores que actualmente impiden la recuperación de estas praderas, así como anticipar posibles problemas de cara a futuras actuaciones a mayor escala. En las entrevistas mantenidas con distintos stakeholders (investigadores, técnicos de medio ambiente, naturalistas, buceadores o pescadores) que fueron testigos de este proceso de desaparición, existe un consenso general en señalar como factores clave las regeneraciones de playas, la construcción de espigones, ampliación de puertos, los vertidos directos o indirectos de contaminantes (escorrentías) y la pesca de arrastre. Algunos investigadores también han apuntado a una posible influencia del cambio climático o a la aparición de alguna enfermedad que afectase a estas especies.
Nuestras experiencias más recientes en campo indican que, en la actualidad, el principal factor que limita el establecimiento de estas especies en el Paraje Natural de Maro-Cerro Gordo (que albergó una de las mayores praderas y donde el nivel de protección permite excluir buena parte de las presiones humanas) es el exceso de herbivoría y bioturbación, especialmente durante los meses de verano. Si bien no podemos afirmar que este fuese el factor desencadenante del declive histórico de las praderas, las fotografías antiguas tomadas durante los años de su desaparición muestran patrones y marcas compatibles con una elevada presión de herbivoría justo antes de la desaparición de estas praderas. Persisten, no obstante, numerosas dudas e incertidumbres que sólo podrán resolverse mediante nuevos estudios.
¿Qué valor ecológico tienen estas praderas?
Las praderas de angiospermas marinas desempeñan un papel fundamental en el funcionamiento de los ecosistemas costeros, ya que actúan como especies formadoras de hábitat. Estas praderas son capaces de modificar las condiciones ambientales, haciéndolas más favorables para otros organismos. Por ejemplo, su propia estructura genera un hábitat mucho más complejo que el existente en zonas de sedimentos desnudos. En una pradera bien desarrollada, las hojas crean numerosos gradientes ambientales (por ejemplo, zonas con mayor o menor disponibilidad de luz, diferente intensidad de corrientes o distintos niveles de oxígeno), lo que facilita el asentamiento de un mayor número de especies en un área reducida y, en consecuencia, incrementa el número de interacciones ecológicas posibles.
Los gradientes en las concentraciones de oxígeno permiten el acoplamiento de distintos procesos biogeoquímicos, favoreciendo, por ejemplo, la desnitrificación, un proceso mediante el cual el nitrógeno disuelto en el agua se transforma en nitrógeno gaseoso. Además, las hojas frenan las corrientes, aumentando la sedimentación y reduciendo la erosión, lo que da lugar al enterramiento de materia orgánica y a la acumulación de sedimentos.
Por todo ello, una pradera bien desarrollada y conservada permite un funcionamiento óptimo del ecosistema, lo que se traduce en beneficios directos e indirectos para el ser humano, conocidos como servicios ecosistémicos. Entre los principales servicios que aportan las praderas marinas en buen estado de conservación se encuentran el secuestro de carbono, clave para la regulación climática; los procesos de desnitrificación y el secuestro de nitrógeno o fósforo, que contribuyen a eliminar el exceso de nutrientes procedente de actividades como la agricultura o los vertidos de aguas residuales; y la reducción de corrientes y oleaje, que ayuda a proteger la costa frente a la erosión.
Asimismo, estas praderas actúan como zonas de reproducción y guardería, proporcionando refugio a alevines de peces y moluscos de interés comercial, como el salmonete, la dorada o la sepia. También albergan especies emblemáticas de interés para actividades recreativas y de ocio, como los caballitos de mar, que atraen a submarinistas y fotógrafos submarinos.
En este contexto, cabe destacar que las praderas de angiospermas marinas están consideradas entre los ecosistemas más valiosos del mundo, con un valor económico estimado en torno a los 25.000 € por hectárea y año.
En este sentido, la alumna Belén Escobar Vicente, del Grado en Ciencias Ambientales de la Universidad de Málaga, llevó a cabo una revisión bibliográfica en su Trabajo de Fin de Grado, realizado en el marco del proyecto RECOMAR, sobre los servicios ecosistémicos asociados a la especie Cymodocea nodosa. En dicho trabajo se observó que los aspectos más estudiados fueron los servicios de apoyo relacionados con la producción primaria, el ciclo de nutrientes y la formación de hábitat. En cambio, otros servicios como el secuestro de carbono, la protección costera o el uso de estas praderas como espacios de ocio y esparcimiento han sido menos investigados en comparación con lo que se conoce para otras especies de angiospermas marinas.
¿De qué forma habéis implicado a los profesionales de la pesca y a los gestores en la iniciativa?
En lo que respecta al sector pesquero, mantenemos un contacto muy estrecho con la Federación Española de Pescadores Artesanales, a través de su presidenta, María del Carmen Díaz. De hecho, María del Carmen participará en la jornada final del proyecto RECOMAR, que se celebrará el 6 de febrero de 2026, con una charla centrada en el estado actual de la pesca artesanal en la provincia de Málaga, en la que abordará tanto las principales amenazas como las oportunidades a las que se enfrenta el sector.
En el ámbito de la gestión, estamos en contacto permanente con la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, especialmente con María de las Nieves Cruz Salcedo, responsable del Servicio de Espacios Protegidos de la Delegación Territorial en Málaga. María de las Nieves ha mostrado desde el inicio un gran interés por el proyecto, ya que uno de los objetivos del Plan de Ordenación del Paraje Natural de Maro-Cerro Gordo es precisamente la restauración de las praderas de Zostera marina y Cymodocea nodosa. Hemos coincidido en diversas charlas y jornadas sobre restauración y conservación de ecosistemas marinos en Andalucía, y también participará en la jornada final del proyecto RECOMAR, donde expondrá las líneas de actuación de la Consejería orientadas a la conservación marina y del litoral en espacios naturales protegidos. Además, hemos mantenido contacto e invitado a participar en nuestras actividades a inspectores de pesca del Estado, con el fin de recabar su opinión sobre la viabilidad de las acciones propuestas a partir de su experiencia en campo. En este sentido, queremos agradecer especialmente las aportaciones de Antonio Lucena.
Actualmente, la situación del medio marino en Andalucía está fuertemente condicionada por la expansión del alga invasora Rugulopteryx okamurae, tal y como nos han trasladado tanto gestores como pescadores. Por este motivo, a lo largo del proyecto hemos insistido en que las angiospermas marinas Cymodocea nodosa y Zostera marina rara vez compiten directamente por el sustrato con esta alga invasora. Las interacciones entre estas especies se producen principalmente en zonas de cascajo o como consecuencia de los arribazones del alga, lo que sugiere que, en el contexto actual de invasión, la restauración de estas praderas es más viable que la de otras especies que compiten de forma más directa por el sustrato.
Asimismo, durante el desarrollo del proyecto RECOMAR hemos querido poner en valor los servicios ecosistémicos asociados a estas praderas, especialmente su papel como áreas de reproducción y zonas de cría para numerosas especies de interés comercial. Aunque la escala de trabajo ha sido reducida —del orden de decenas de metros cuadrados— y en esta fase nos hemos centrado principalmente en evaluar la viabilidad de los trasplantes, hemos podido documentar mediante fotografías y vídeos subacuáticos la elevada concentración de alevines de salmonetes, chopas, sargos y otras especies en los pequeños rodales restaurados. Resulta especialmente destacable la presencia puntual de alevines del raor (Xyrichtys novacula) durante los meses de invierno, una especie de alto valor comercial en las islas Baleares. Además, hemos registrado puestas de calamares y sepias asociadas a nuestros trasplantes, ausentes en las zonas colindantes de sedimento desnudo, lo que pone de manifiesto el papel clave de estas praderas como áreas de reclutamiento para numerosas especies de interés para la flota de bajura.
Dentro de vuestros objetivos estaba el descubrimiento de técnicas para la restauración o rehabilitación activa de las praderas de angiosperma marina. ¿Qué avances habéis logrado en este aspecto?
Hemos avanzado de forma significativa desde el inicio del proyecto, pero todavía quedan numerosos retos y un volumen considerable de trabajo por delante. Si queremos lograr una restauración verdaderamente efectiva de nuestros ecosistemas marinos, es imprescindible hacerlo a una escala adecuada. Para ello, debemos desarrollar metodologías que permitan llevar a cabo restauraciones ecológicas minimizando costes, reduciendo riesgos y maximizando beneficios.
Actualmente, la literatura científica indica que el coste medio estimado por hectárea de pradera marina restaurada oscila entre los 200.000 y los 2.000.000 de euros. Si tenemos en cuenta los objetivos de restauración y los plazos establecidos por la Unión Europea a través de la Ley de Restauración de la Naturaleza, resulta evidente que, con los enfoques actuales, estamos aún lejos de poder cumplir con los compromisos adquiridos.
En nuestro caso, estamos colaborando con la empresa Todobarro en el desarrollo de dispositivos degradables de arena prensada que permitan restaurar zonas submareales sin necesidad de buceo durante los trasplantes. Esta aproximación es conceptualmente similar a la técnica del “bádminton”, utilizada en la restauración de corales profundos. Paralelamente, hemos comprobado que es viable el uso de plantas sin sedimento; es decir, en lugar de emplear cepellones (planta, sedimento y agua), utilizar únicamente la planta, manteniéndola húmeda mediante paños o toallas empapadas en agua de mar. Esta estrategia simplifica enormemente la logística, al evitar el transporte de grandes volúmenes de sedimento y la necesidad de conservar su estructura, aireación y condiciones térmicas adecuadas.
El uso de plantas desnudas supone, por tanto, una reducción muy significativa de los costes, así como del riesgo de introducir patógenos o especies invasoras procedentes de la localidad donadora. Aunque aún estamos evaluando las densidades óptimas de haces en un horizonte temporal de entre dos y cinco años, los resultados preliminares son muy prometedores. Todo apunta a que podríamos reducir el coste de restauración de una hectárea hasta un rango aproximado de entre 50.000 y 60.000 euros, dependiendo principalmente del número de plantas utilizadas y de su origen, es decir, si proceden de cultivo ex situ o de recolección en el medio natural.
No obstante, a pesar de estos avances, persisten varios cuellos de botella que deben ser abordados, como el origen de las plantas o la correcta identificación de las áreas más adecuadas para la restauración. En este contexto, se hacen necesarias acciones de investigación orientadas al cultivo ex situ que permitan el escalado de las actuaciones y la reducción de costes; el estudio de la genética de poblaciones de las especies a restaurar; el desarrollo de modelos de alta resolución que identifiquen zonas con condiciones fisicoquímicas potencialmente favorables y la realización de trasplantes experimentales a pequeña escala que permitan detectar factores limitantes del éxito de la restauración que no pueden ser identificados únicamente mediante modelado, como, por ejemplo, desequilibrios tróficos.
En cuanto al estudio de la conectividad y diversidad genética de las poblaciones de Cymodocea nodosa a lo largo de la costa norte del Mar de Alborán, ¿cuáles son los avances del proyecto?
Seguimos trabajando en este aspecto, si bien los resultados disponibles hasta el momento son todavía muy preliminares. No obstante, estos coinciden en cierta medida con los descritos por Filipe Alberto en su artículo de 2008, publicado en Journal of Biogeography. En dicho estudio se observó una diversidad genética muy baja en las poblaciones muestreadas en costas abiertas del litoral gaditano (Bolonia) y malagueño (Calahonda y Maro), mientras que las poblaciones de Almería y del interior de la Bahía de Cádiz presentaron una elevada diversidad genética.
La baja diversidad genética encontrada en las praderas de Bolonia, Calahonda y Maro fue atribuida a la posible ocurrencia de cuellos de botella poblacionales. En este sentido, es plausible que las praderas de esta especie en el mar de Alborán hayan estado sometidas durante largos periodos a presiones y situaciones de estrés que hayan acabado erosionando su diversidad genética y, por ende, su resiliencia. Alternativamente, dado el carácter altamente dinámico del Mar de Alborán, es posible que las praderas de esta especie aparezcan y desaparezcan de forma cíclica.
En nuestro caso, no hemos detectado la presencia de praderas en Bolonia, Calahonda ni Maro. En particular, en el caso de la pradera de Calahonda existe constancia de su presencia durante un largo periodo de tiempo, y consideramos que su desaparición está directamente relacionada con la invasión de Rugulopteryx okamurae, tal y como se ha mencionado anteriormente.
¿Cómo se ha avanzado en los trabajos de restauración?
Hemos avanzado de forma muy significativa, especialmente en el Paraje Natural de Maro-Cerro Gordo, donde los resultados obtenidos hasta el momento son muy alentadores. Estamos particularmente satisfechos porque hemos podido identificar que la herbivoría es la amenaza más importante para nuestras actuaciones de restauración. Este hallazgo resulta fundamental para comprender las limitaciones actuales de este tipo de intervenciones y para orientar adecuadamente futuras estrategias de restauración.
A pesar de que los resultados son positivos y de que las plantas trasplantadas, tanto de Cymodocea como de Zostera, han sobrevivido durante más de un año, cumpliendo así los objetivos planteados al inicio de ambos proyectos (RECOMAR y CLIMAREST), somos plenamente conscientes de que aún queda un largo camino por recorrer antes de poder plantear un escalado de estas actuaciones de manera efectiva, segura y replicable. En particular, existen serias dudas sobre la viabilidad a medio y largo plazo de estas praderas en ausencia de jaulas u otros dispositivos que impidan o reduzcan la presión herbívora.
Desde una perspectiva de sostenibilidad, la dependencia de este tipo de estructuras de protección plantea importantes limitaciones, ya que su mantenimiento en el tiempo resulta costoso, difícil de implementar a gran escala y desvirtúa en sí mismo el objetivo de la restauración, es decir, conseguir ecosistemas autosuficientes y funcionales. Por ello, consideramos imprescindible profundizar en el estudio de los procesos ecológicos que regulan la herbivoría y explorar alternativas de manejo que permitan reducir su impacto de forma natural o integrada, antes de abordar acciones de restauración a mayor escala.
¿Qué suponen los descubrimientos científicos del proyecto de cara a la restauración de las praderas y su conservación?
Hasta el momento, estas actuaciones han permitido la reintroducción de las especies Cymodocea nodosa (RECOMAR) y Zostera marina (CLIMAREST) al Paraje Natural de Maro-Cerro Gordo. En el caso de esta última, podemos afirmar que, tras casi 20 años de ausencia, la especie ha vuelto a florecer y a producir semillas en el Paraje, lo que supone un hito especialmente relevante desde el punto de vista ecológico.
Al mismo tiempo, tal y como he mencionado anteriormente, estos trabajos nos han permitido identificar nuevas cuestiones y problemáticas que deben resolverse antes de abordar actuaciones de restauración a gran escala. Aún es necesario un importante esfuerzo científico-técnico y todo apunta a que tendremos que replantear los marcos espaciales y temporales que nos hemos impuesto si queremos llevar a cabo la restauración de los ecosistemas marinos de una manera rigurosa, informada y con garantías de éxito a largo plazo.
¿Qué peso ha tenido el aspecto divulgativo y de concienciación del proyecto, tanto dirigido al público general como a profesionales de la ciencia y del ámbito marítimo?
Tanto la vertiente divulgativa como la de concienciación han tenido un peso muy relevante, tal y como requería la convocatoria. A lo largo de su desarrollo hemos elaborado material divulgativo (pósteres y dípticos) y participado en jornadas, charlas y talleres siempre que se nos ha solicitado.
En este contexto, es importante destacar y agradecer el gran apoyo y la excelente acogida recibida por parte de todos los sectores implicados: pescadores profesionales y recreativos, administraciones públicas, voluntarios, investigadores, buceadores, usuarios de las playas, ilustradores científicos, entre otros. Podemos afirmar que la ciudadanía está realmente concienciada y dispuesta a implicarse activamente en la conservación y restauración de las praderas marinas, y este logro no es mérito exclusivo de nuestro proyecto, sino del trabajo previo de muchas personas que, desde hace años, se han dedicado a divulgar la importancia ecológica de estos ecosistemas.
La implicación social ha sido notable y muy diversa, materializándose en apoyos concretos como la ayuda en la tramitación de permisos, la grabación subacuática de los trabajos de investigación, la preparación de plantas para su posterior trasplante, el apoyo en la recolección de muestras para estudios genéticos, el acceso a muestras de praderas ya extintas o la oferta de servicios de buceo a menor coste. Esta respuesta ha sido, además, un fuerte estímulo para el equipo, reforzando nuestra motivación y haciéndonos más conscientes de la responsabilidad asociada a este tipo de proyectos.
No obstante, consideramos necesario introducir una reflexión crítica. La elevada exposición mediática y la intensa actividad en redes sociales pueden convertirse en un arma de doble filo. Hemos percibido, tanto entre los voluntarios como entre algunos medios de comunicación, la generación de expectativas que en muchos casos no se ajustan a los tiempos, incertidumbres y limitaciones inherentes a la restauración ecológica. A largo plazo, esto podría derivar en frustración o desencanto.
¿Qué aspectos del proyecto han supuesto un mayor reto?
En mi caso, uno de los principales retos ha sido compaginar la investigación y la docencia con las tareas administrativas que exige el proyecto. La carga burocrática asociada a este tipo de iniciativas (gestión económica, solicitud de permisos y procesos de justificación) es enorme, poco ágil y, en muchos casos, desproporcionada. De hecho, es un comentario recurrente entre colegas: con demasiada frecuencia invertimos más tiempo en demostrar que trabajamos que en realizar el trabajo para el que estamos cualificados y en el que realmente aportamos valor.

