Maria Gregori, directora de MAReA: “En acuicultura, conocer la dispersión de parásitos y patógenos es importante porque permite pasar de una gestión reactiva a una preventiva”
Maria Gregori i Casamayor dirige el proyecto MAReA, una iniciativa que ejecuta la Universitat de València junto a la Universitat de les Illes Balears cuya principal aportación será “identificar zonas o condiciones de mayor riesgo para la dispersión de parásitos y patógenos, con lo que las explotaciones podrán disponer de más información para mejorar la vigilancia y la bioseguridad”, puntualiza. Esta información permitirá optimizar los programas de vigilancia, reducir las pérdidas económicas, disminuir la necesidad de tratamientos y mejorar la seguridad de las explotaciones, para lo que el proyecto tendrá a la ciencia como eje, apunta su directora.
¿Cuál es el principal objetivo del proyecto?
En esencia, el proyecto busca comprender mejor cómo se transmiten los parásitos y patógenos que afectan a los peces de acuicultura. Para ello estudiamos el papel del zooplancton como posible hospedador intermediario o reservorio y analizamos también las comunidades de biofouling, con especial atención a los anélidos, que pueden actuar como reservorios para determinados parásitos o patógenos. A partir de esa información, desarrollaremos una prueba de concepto basada en mapas preliminares de riesgo biológico.
¿Qué importancia tiene para las granjas acuícolas conocer la dispersión de parásitos y patógenos asociados al zooplancton?
Conocer la dispersión de parásitos y patógenos es importante porque permite pasar de una gestión reactiva a una gestión preventiva. Si conocemos qué organismos transportan estos patógenos, cómo se desplazan con las corrientes y en qué condiciones ambientales es más probable su presencia, podemos identificar zonas y períodos de mayor riesgo antes de que aparezcan brotes en las granjas. Además, el estudio del biofouling nos permitirá evaluar si los organismos incrustantes presentes en las jaulas de cultivo pueden contribuir a la transmisión de alguno de estos parásitos y patógenos, ofreciendo una visión más completa del riesgo biológico. Todo ello permitirá optimizar los programas de vigilancia, reducir las pérdidas económicas, disminuir la necesidad de tratamientos y mejorar la bioseguridad de las explotaciones.
¿Cómo afectan los eventos climáticos extremos al transporte biológico de estos organismos parásitos o patógenos? ¿Y las corrientes?
Los eventos climáticos extremos pueden modificar las condiciones oceanográficas, alterando las corrientes y la distribución del zooplancton. Esto puede cambiar los patrones de dispersión de los parásitos y patógenos asociados, por lo que es importante integrar estas variables en los modelos de riesgo.
Las corrientes son el principal mecanismo de transporte biológico, ya que determinan el desplazamiento del zooplancton y, con él, de los parásitos y patógenos asociados, condicionando su distribución espacial. Además, las corrientes no dependen únicamente de las condiciones ambientales, sino que también pueden verse alteradas por obstáculos, como las jaulas de acuicultura, que modifican la circulación del agua y, con ello, los patrones de dispersión de estos organismos.
¿Cómo puede ayudar el ADN ambiental, uno de los ejes del proyecto, a conocer mejor la dispersión de parásitos y otros patógenos?
Creemos que el ADN ambiental puede ayudarnos a detectar parásitos y patógenos a partir del material genético presente en las masas de agua, incluso cuando no es posible observar directamente a estos organismos. Además, la combinación de técnicas morfológicas, moleculares y microbiológicas aplicadas al agua, al zooplancton y al biofouling nos permitirá obtener una visión más completa de la biodiversidad de parásitos y patógenos presentes en las masas de agua, así como de sus posibles hospedadores.
¿Qué peso tiene el componente científico en esta iniciativa?
La ciencia es el eje del proyecto porque queremos entender mejor cómo se distribuyen los parásitos y patógenos y qué factores influyen en su dispersión. Ese conocimiento será la base para desarrollar una prueba de concepto basada en mapas preliminares de riesgo que pueda resultar útil para el sector acuícola.
Vais a desarrollar modelos geoespaciales, además de los mapas de riesgo preliminares referidos. ¿Cómo lo haréis?
Lo haremos integrando los datos biológicos (zooplancton, biofouling y ADN ambiental) y oceanográficos recogidos en las campañas de muestreo. A partir de esa base de datos, aplicaremos análisis geoespaciales y técnicas de aprendizaje automático para identificar patrones de dispersión y elaborar mapas preliminares de riesgo biológico. No se trata todavía de una herramienta predictiva validada, sino de una prueba de concepto basada en datos reales.
¿Qué importancia tiene este proyecto para las explotaciones acuícolas?
Creemos que la principal aportación del proyecto será la generación de conocimiento que ayude a prevenir, en lugar de actuar únicamente cuando aparece un problema sanitario. Si conseguimos identificar zonas o condiciones de mayor riesgo, las explotaciones podrán disponer de más información para mejorar la vigilancia y la bioseguridad.
¿Vais a colaborar con empresas del sector?
Sí. El proyecto cuenta con la colaboración de Avramar España Acuicultura, que facilitará el acceso a sus instalaciones para realizar las campañas de muestreo. Durante estas campañas recogeremos muestras de zooplancton, ADN ambiental y biofouling de las jaulas de cultivo, que compararemos con las obtenidas en un Área Marina Protegida. Esto nos permitirá comparar dos entornos con características diferentes y obtener una visión más completa de la biodiversidad y de la distribución de parásitos, patógenos y sus posibles hospedadores.
Las actuaciones del proyecto se van a desarrollar en la Comunidad Valenciana, concretamente en Alicante. Más allá del Mediterráneo, ¿creéis que los resultados pueden ser extrapolables a instalaciones acuícolas ubicadas en otras zonas del litoral español?
Creemos que sí, aunque con cautela. El proyecto está planteado como una prueba de concepto desarrollada en el Mediterráneo, por lo que los resultados específicos estarán condicionados por las características ambientales de esta zona. Sin embargo, la metodología y el enfoque integrador, basado en la combinación de datos biológicos, moleculares y oceanográficos para generar mapas de riesgo, sí podrían adaptarse a otras zonas del litoral español, siempre teniendo en cuenta las particularidades de cada ecosistema.

